|
ACCESO RÁPIDO
El espacio geográfico
La idealización humana
El espacio ceremonial
El espacio sagrado
Las redes de intercambios comerciales
Los símbolos del poder
El ser humano y su entorno
El origen del tiempo
Izapa - un pueblo en evolución
El arte mas allá de sus fronteras
El espacio geográfico:
Los Olmecas
fueron una sociedad que se desarrollo culturalmente en la región tropical a
orillas del Golfo de México, entre los años 1300 al 300 antes de Cristo,
creando los primeros grandes centros ceremoniales que hoy identificamos
arqueológicamente como San Lorenzo, Tres Zapotes y La Venta, que
contaban con espacios para ceremonias políticas y religiosas, áreas de habitación y zonas de
monumentos señaladas por grandes esculturas de piedra.
Además de
Veracruz y Tabasco, considerada la zona núcleo de la cultura Olmeca, también
se han documentado los rasgos de esta cultura en la región oriental del
estado de Guerrero, en donde se localiza el sitio de Teopantecuanitlán, en
el estado de Chiapas a lo largo de la cuenca del río Grijalva y en
la costa del pacifico en Guatemala en donde se localiza el sitio
arqueológico de Abaj
Takalik.
Cerca del
poblado de Olinala en Guerrero, en la pequeña cuenca del río Oro que es
afluente del Balsas, se han localizado yacimientos de Jade. De
aquí proviene la figura silueteada de un personaje con rasgos típicos
(2-A) cuyo original se presenta mutilado
del brazo derecho y la rodilla izquierda.
Algunos de los
primeros testimonios identificativos de esta cultura, son la mascara
sonriente (2-C) localizada por el investigador y artista Miguel Covarrubias
a mediados del siglo XX en Veracruz y la pieza conocida como hacha Kunz
(2-B) procedente de la región Mixteca de Oaxaca encontrada a fines del siglo
XIX, así como la hacha exhibida en el Museo de Dallas Texas
(2-F). La presencia de esta cultura también ha sido identificada a través
de objetos de jade localizados en sitios tan remotos como el colgante
pectoral de la Península de Nicoya en Costa Rica
(2-G) o la mascara con
tatuajes de las Costas del mar Caribe en Honduras.
La idealización humana:
subir
Olmeca
significa en idioma náhuatl «habitantes de la región del hule». Este
nombre fue acuñado hacia la mitad del siglo XX, para clarificar la
enigmática presencia en la historia de México, de un pueblo que se
distinguió entre otras cosas por la manufactura de grandes monumentos de
piedra y pequeñas estatuillas de jade, de los cuales, una de las
características comunes era la representación de rasgos felinos, lo que
suponía una enorme deidificación al jaguar. Por tal razón la presencia de
rasgos jaguarinos sincretizados en figuras humanas es constante en el arte
de este pueblo, quienes probablemente consideraban a este animal como una
deidad ancestral. Otros rasgos, distintivos de las
esculturas de esta cultura son las cejas flamígeras -en
forma de llamas-, hendidura en «V» en la frente, rasgos de garras y
colmillos en los labios, pliegue en forma de "V" en la frente y detalles de
un simbolismo conocido como cruz de San Andrés.
Algunos de estos detalles
son evidentes en las piezas de jade que aquí mostramos: el pectoral de
cinco rostros (3-B) localizado en la región Mixteca de Oaxaca; en el detalle
de las esgrafías del par de orejeras
(3-A) encontradas en La Venta
Tabasco; y en la figurilla del hombre con cráneo
(3-C) deformado que
sostiene en sus manos a un bebe con el rostro jaguarino.
El espacio ceremonial:
subir
Los trabajos de
exploración del centro ceremonial de La Venta en las márgenes del río Tonala
en la frontera entre Tabasco y Veracruz, los iniciaron en 1942 los
investigadores Mathew Stirling y Philip Drucker, con el patrocinio de la
Institución Smithsonian y de la Fundación Nacional de Geografía -USA-.
Las 22
figurillas, (Ofrenda 4) en la que se representan 6 estelas y 16 personajes,
uno de ellos de terracota
(4-G) fueron encontradas en la composición en que
se presentan, entre una mezcla de arena y barro, al pie de una plataforma
del complejo A del sitio arqueológico de La Venta.
Las seis
estelas -o hachas- (4-A/4-F) colocadas como un precedente de las esculturas
Mayas, están dominando la escena. La composición sugiere un acto
ceremonial o la reunión de un consejo de jefes, en que el personaje
principal, para bien o para mal, parece ser la figura humana elaborada con
un material más humilde; terracota cocida, a quien bien podrían estar
pidiéndole consejo o juzgando.
Tanto por la
expresión de los personajes, tallados finamente con los rasgos típicos de
las esculturas Olmecas, como por las estilizadas deformaciones craneanas,
así como por el misterio de la escena, esta ofrenda se considera como la
realización más notable del arte Olmeca.
El espacio sagrado:
subir
En el sitio
arqueológico de San Isidro, que se localizaba en las márgenes del río
Grijalva, quedando en la profundidad con la construcción de la presa de
Malpaso, la expedición de rescate arqueológico de 1960 dirigido por Gareth
W. Lowe de la NWAF de la Universidad Brigham Young, encontró la ofrenda
(5-A) que se interpreta como dos peces mitológicos y una tortuga, lo que se
cree era la cosmovisión Olmeca del paisaje celeste que hoy identificamos
como la Constelación de Orión.
En los pueblos
indígenas existen lugares especiales dedicados a la comunicación con los
dioses ancestrales.
Los centros ceremoniales son los ombligos del mundo,
los lugares predilectos del culto y la veneración en donde se erigían
monumentos y se dedicaban estelas. Estos lugares estaban a cargo de
sacerdotes
(5-B) o chamanes
(5-C) que tenían la habilidad de transformarse
espiritualmente en sus nahuales o almas protectoras, logrando así el
espacio de comunicación con el corazón del cielo
(5-D)
interpretando los
intereses del pueblo.
En el pueblo
Olmeca, los enanos, como el presentado en esta figurilla
(5-F) procedente
del sitio Cerro de Las Mesas en Veracruz, eran objeto de un trato
preferente ya que se les atribuían poderes especiales.
Las redes de intercambios comerciales:
subir
Los
investigadores Olmecas se han imaginado a un pueblo con un extenso control
económico cuyas redes de comercio llegaban mas allá de las fronteras de
Mesoamérica.
Se cree que el
comercio se basaba en el trueque o intercambio de productos en el que había
canje de utensilios de cerámica; productos agrícolas como el maíz, algodón y
cacao; productos marinos como peces, conchas, tortugas, espina de
mantarrayas; objetos suntuarios como pieles, ambar, pigmentos y minerales
entre los que se incluian la obsidiana, la hilmenita y lo más valioso de
todo; el jade.
En las
exploraciones que realizaba en 1941 el investigador Matthew Stirling a lo
ancho y largo del territorio Mesoamericano, encontró en una cueva cerca de
la localidad de Simojovel en Chiapas, una grandiosa hacha,
(6-A)
probablemente de uso ceremonial en la que aparece grabado un rostro de
clásicos rasgos Olmecas, con la cabeza amarrando un tocado y con una voluta
al frente talvez como una expresión de aliento o vida. La localización
de esta hacha, así como la presencia de material de Ámbar en los sitios de
La Venta y San Lorenzo, evidencian el enorme intercambio comercial
desarrollado por los Olmecas hacia el año 600 antes de Cristo.
Los símbolos del poder:
subir
Se ha pensado
que en los pueblos mesoamericanos el poder era a la vez civil y religioso.
El poder en los pueblos indígenas de hoy se representa a través del «bastón
de mando».
En los pueblos
de ayer, como el de los Olmecas, el poder se representaba a través de la
posesión de los cetros ceremoniales como el encontrado en Cárdenas Tabasco
(7-C), o el gigantesco monumento-hacha cuyo original se encuentra entre las
mas valiosas posesiones del Museo Britanico de Londres
(7-A). Otros
atributos del poder político lo constituían los llamados Pectorales, qué se
lucían colgados al pecho, como el encontrado cerca de Coatzacoalcos en el
que se observa a un personaje acostado o volando con una antorcha por
delante (7-B).
En La Venta, se
localizaron tres entierros en los que se amontonaron casi 100 metros cúbicos
de jade y otras piedras piedras verdes, colocados ordenadamente de tal forma
que en su parte superior se observa hacia el sur lo que parece ser un
rostro felino. El enterrar tan grandes cantidades de piedras valiosas, se
interpreta como una forma de atesorar riquezas y guardar espiritualmente la
fuerza de trabajo de toda la comunidad. Estos entierros vendrían a
hacer una especie de respaldo económico conjuntado en algo así como las
bóvedas de un banco nacional y las piedras talladas en forma de hachas
ceremoniales, con incisiones vendrían a ser una especie de modernos
lingotes de oro.
En el arroyo
Pesquero, un afluente del río Tonala, cerca del poblado de Las Choapas, se localizaron
varias hachas de las cuales presentamos dos que están
esgrafiadas con personajes que están colocados en el centro del universo,
señalados por los cuatro rumbos, cargando uno de ellos un atado de cañas
(7-D) y el otro un cetro en forma de serpiente
(7-E).
El ser humano y su entorno:
subir
Las mascaras
rescatadas también en el fondo del arroyo Pesquero
(8-A) y
(8-B) son la más fiel expresión
de la personalidad Olmeca, en donde se sincretizan los retratos de
individuos vivos con adornos faciales que requerían rasgarse la piel y
tatuarse, para alcanzar la sobrenaturalidad y la ostentación visible de la
dignidad de la que estaban investidos, es una señalización que ubica al ser
en la sociedad indicando públicamente su rango (sacerdotes, guerreros,
etc.). Las mascaras tenían una doble función; representar la apariencia y
la vitalidad de un ser determinado y cumplir con un destino funerario.
El medio
ambiente Olmeca era un territorio cruzado por grandes ríos, cubierto de
aguas pantanosas, de ahí la necesidad de perfeccionar un sistema de
transporte acuático que los lleva a la invención de los cayucos o
canoas. Es comprensible que objetos tan utilitario fueran además
representados como figurillas suntuarias.
Una pequeña canoa de jade
localizada
(8-C) en Cerro de las Mesas esta adornada con los clásicos
diseños de rostros felinos. Otra canoa, es la única pieza Olmeca que nos
muestra con detalle la figura de una mano humana con grabados realísticos de
los dedos.
En este espacio
vital, las pequeñas avecillas como los colibríes
(8-E)
representaban la
fecundidad y la fertilidad.
El origen del tiempo:
subir
Esta figura,
(9-A) encontrada en 1902 en un campo agricola de San Andres Tuxtla cerca del lago de Catemaco
en Veracruz, representa a
un Chaman de cabeza bulbosa enteramente al rape, ataviado con un traje de
pájaro del que destaca la talla de las alas y la cola con una leve
indicación de plumaje. Luce un adorno bucal en forma de pico de pato. En el abdomen aparece esgrafiado en sistema de
barras y puntos la inscripción calendarica 8 baktunes, 6 katunes, 2 tunes, 4
huinales y 17 kines, que si se lee en la correlación calendarica Maya
corresponde en el calendario gregoriano al año 162
d. de cristo.
Esta es una de
las fechas más antiguas anotada en el sistema que fue común en la historia
del pueblo maya, pero a la vez es una fecha muy tardía en el desarrollo de
la cultura Olmeca. Algunos investigadores creen que el calendario
conocido como Maya, en realidad tiene su origen en la cultura Olmeca.
Otros, piensan que las fechas de partida de los calendarios son diferentes
para ambas culturas.
Izapa - un pueblo en evolución:
subir
En las
investigaciones de la NWAF del año 1962 fueron localizados como se muestran,
los dos sartales de cuentas que forman monumentales collares
(10-A),
asociados a un entierro en el sitio arqueológico de Izapa en el Soconusco
Chiapaneco. Lamentablemente en el Museo Nacional solo se
han conservado el collar
de cuentas pequeñas y el rostro con la boca abierta a manera de soplo.
Como en otros
casos, estos collares, por su alto valor daban relevancia en vida al
individuo y como un símbolo de su status político y social lo acompañaban en
su funeral.
Izapa, a 15
kilómetros de Tapachula, es de los pocos sitios arqueológicos que muestran
una amplia ocupación en el tiempo, ya que se tienen evidencias que su
poblamiento empezó como una pequeña aldea hacia el 1800 antes de cristo, en
el auge de la cultura Mocaya. Hacia el año 800 a. de cristo, la región ya
era un cacicazgo Olmeca y hacia el año 300 d. de cristo, el sitio alcanza su
mayor auge como un centro ceremonial Maya.
El Soconusco es
la tierra más exuberante de México con gran abundancia de animales que
forman parte de la mitología y la vida de los pueblos desde la antigüedad,
como el mono
(10-B) y los pescados
(10-C). Hay indicios para creer que en
esta región es donde se logra la domesticación y el conocimiento acerca del
cultivo del maíz, se dominan las técnicas de la alfarería y se comienza el
trabajo en jade.
El arte mas allá de sus fronteras:
subir
Después de la
conquista hispana, a lo largo de tres siglos las figuras de arte
prehispánico fueron consideradas exponentes de un arte bárbaro y salvaje.
Debemos al sacerdote franciscano Bernardino de Sahagun el primer interés en conocer la
manera de vida, las creencias y las costumbres de los pueblos recién
conquistados, sin embargo el arte de estos pueblos solo era objeto de una
lejana admiración por lo diferente e incomprensible a la mentalidad europea.
Fue hasta
finales del siglo XVIII que surgieron algunos exploradores que empezaron a
valorar los objetos manufacturados por los pueblos ancestrales de América.
Uno de los más
grandes coleccionistas de arte precolombino ha sido Robert Wood Bliss quienes
dio inicio a la Colección Dumbarton Oaks de la Universidad de Harvard,
donde se localiza la espléndida figurilla
(11-A) de jade azul que representa
el busto de un hombre de cabello largo. En el Metropolitan Museum de Nueva
York se exhibe la figurilla
(11-B) encontrada en Guerrero de un hombre
cargando un mecapal.
La figura de un
personaje descansando con una antorcha y una manopla
(11-C) se encuentra en
el Museo de Arte de la ciudad de Cleveland.
subir

|